Evitando evitar…

La importancia de evitar evitar

En Psicología denominamos conducta de evitación, a aquella acción (motora normalmente peo también cognitiva como un pensamiento) que tiene como objeto la no aparición de un estímulo aversivo. El fin pues de la conducta de evitación, no es otra que evitar experimentar consecuencias negativas (entre las que se incluyen experimentar emociones desagradables).

Son numerosas las conductas de evitación que emitimos a lo largo de un día, que puede ir desde lo más sutil a lo tremendamente elaborado. La conducta de evitación no está presente por tanto sólo en los trastornos de ansiedad, sino que el uso de esta conducta se manifiesta de forma continuada en la población general y de forma cotidiana como por ejemplo, cruzar la calle al ver de lejos que se aproxima en la misma acera donde íbamos caminando una persona con la que no queremos interaccionar, o cuando evitamos ponernos una prenda que nos queda algo ceñida, la cual hace más visible ese michelín que tanto que molesta.

Como hemos dicho, en todas ella, aparece un elemento en común, evitar recibir cosas desagradables.

En el siguiente esquema, se explica la secuencia y elementos que suelen estar presentes en una situación donde evitamos.Como se indica, la emisión de una conducta de evitación, genera consecuencias agradables a corto plazo, como es el alivio (ya que no aparecerá el estímulo aversivo que temenos) pero más importante, produce interferencia y limitaciones a medio y largo plazo ya que se impide exponernos a lo que tememos, gestándose en muchos casos (no siempre) un problema, a modo de fobia social, obsesiones, compulsiones, problemas de pareja, disfunción sexual, etc.

Por ejemplo, supongamos que cuando era pequeño me mordió un perro. En mi cerebro se establece una asociación, perro = peligro. Siempre que veía un perro, cruzaba la calle para evitar que me mordiera. Al principio evitaba perros grandes (como el que me mordió), pero con el tiempo fui generalizando mi temor, llegando a evitar a perros de tamaño menor.

Cada vez me creía más mis temores, ya que nunca me exponía a ellos al evitar en el 100% de las situaciones.

Y ésto último (evitar evitar) es lo que hace que una persona que no deje de evitar, no sólo no superará su problema (en el caso de que lo tenga) sino que cada vez sienta más temor por el estímulo fóbico.

Por todo ello, una de las primeras cuestiones que se abordan en una sesión de asesoramiento psicológico, es discriminar si las evitaciones que un paciente refiere en una sesión, es fruto de un conjunto de síntomas que dan lugar a un trastorno o situación de importante interferencia para la persona, o no.

En caso afirmativo, los psicólogos y psicólogas con formación conductual o cognitiva-conductual, utilizan para ello las denominadas estrategias de exposición, consistente en establecer una jerarquía de situaciones (de menos a más ansiedad) a la que tendrá que afrontar y exponerse el paciente para superar el problema, es decir, evitar evitar. Todo ello, se complementa con estrategias de cambios de pensamientos y técnicas de relajación con el fin de facilitar el proceso de exposición a lo temido.

Es poco probable pues, superar un temor sin aprender a manejarlo exponiéndonos a lo temido, ya que de lo contrario, la evitación mantendrá el problema a medio y largo plazo…

 

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